Templo de San Miguel

El Templo de San Miguel Arcángel

A principios del siglo XVIII la ciudad de Durango empezó a experimentar un proceso de gradual crecimiento, luego de haber transcurrido una época muy difícil, en la que prácticamente se despobló la ciudad.

Al inicio de esa centuria, se iniciarón importantes obras que contribuyeron a la reactivación de la economía y el desarrollo de la población, se realizaron importantes mejoras en la Catedral, y en el Colegio de la Compañía, se reedificó el Convento de San Antonio y se renovó el Hospital de San Cosme y San Damián, y se iniciaron nuevas construcciones que demandaba la paulatinamente creciente población, entre ellas se dio inicio a la construcción del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe  y una nueva ermita que se dedicó a San Miguel Arcángel.

UN TRÁGICO PRINCIPIO

Prácticamente todas estas obras se iniciaron bajo al administración de obispo Pedro Tapiz, quien tomó posesión de su cargo en febrero de 1713, gobernando la diócesis de Durango hasta abril de 1722, fecha en que falleció.

El templo de San Miguel, inició su construcción en la segunda década del siglo XVIII, y como otras edificaciones de esta característica, tardaron varios años en ponerse en servicio. Ubicado en uno de los barrios mas populares de la ciudad, ayudaba a atender las necesidades de los habitantes del barrio del Escorial.

La capilla fue erigida a expensas de Miguel Espinosa, secular benefactor que costeo la edificación de la primitiva capilla. La construcción se realizó sin una adecuada dirección técnica, de tal forma que su fábrica se convirtió en un desastre de lamentables consecuencias.

De acuerdo a un legajo existente en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México, citado por Saravia, la primera capilla era extremadamente reducida y las deficiencias en la construcción propiciaron que esta se derrumbara por completo, sepultando entre sus escombros al propio benefactor.

UNA CAPILLA MODESTA

Casi inmediatamente se comenzó de nuevo la reconstrucción del templo, la cual estuvo a cargo del sacerdote Miguel de Urbina, quien con pocos conocimientos de arquitectura, pero con un gran empeño, logró importantes avances en la construcción que aunque modesta, llevó a termino la obra.

La obra de esta nueva capilla fue concluida durante el gobierno eclesiástico del obispo Benito Crespo y Monroy, por lo que hacia 1734 debió de haber estado culminada la obra.

Preocupado el señor obispo por la baja calidad en la construcción y previendo que no se fuera a suscitar otro accidente como el que ya había acontecido, dispuso que se aplicaran los recursos necesarios para que la capilla se edificara dignamente, para ello aplicó los bienes producto del intestado de dos hermanos presbíteros que habían fallecido recientemente los sacerdotes Ignacio y Nicolás de Ayala.

Por las descripciones, se trataba de una muy pequeña capilla, levantada a extramuros de la ciudad, la que pronto se hizo de un numeroso culto entre los feligreses y servía de ayuda de parroquia para sepultar algunos muertos, y aunque no se había destinado un área para panteón, seguramente dispuso de los grandes solares que se levantaban a sus lados.

UN ORIGEN IRREGULAR

En 1779 se levantó una información pericial por orden del caballero Teodoro de Croix, Gobernador y Capitán General de las Provincias Internas, derivado de una Real Cédula expedida dos años antes para investigar  algunas prácticas que se consideraban entonces irregulares en perjuicio del templo de la Compañía de Jesús.

Tal parece que el deán Francisco Gabriel de Olivares, quien años después sería nombrado obispo de la diócesis, había introducido algunos cambios en la tradicional peregrinación anual de la virgen de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, pues dejó de llevarse al templo de la Compañía para ser recibida en las pequeñas capillas de San Miguel Arcángel y de Nuestra Señora de Santa Ana.

De esta controversia de descubrió que por lo que respecta a la capilla de San Miguel, esta se había edificado, desde principios del siglo XVIII, sin contar con la Real Cédula, que otorgaba el permiso del Regio Patronato Indiano para la construcción de nuevos templos, por lo que la construcción había sido a todas luces indebida.

SAN MIGUEL Y EL CARMEN

El 26 de enero de 1911 por disposición del señor arzobispo de Durango Dr. Francisco de Paula Mendoza y Herrera, se entregó al padre carmelita Hipólito Delgado, la antigua capilla de San Miguel Arcángel, a la que se le añadió el nombre de El Carmen, para que allí se establecieran en Durango los frailes de la orden del Monte Carmelo.

Casi dos meses después se iniciaron las obras de reconstrucción de la capilla, para hacerla funcional a los requerimientos de los frailes carmelitas. Se demolió por completo la antigua capilla y se dio comienzo a la edificación de un templo completamente nuevo, más amplio y funcional.

La construcción se realizó en un tiempo verdaderamente breve, considerando las características y dimensiones de la construcción, pues según reza una inscripción en el frontón de la iglesia, este se concluyó el 25 de marzo del año siguiente de 1912, con el nombre de templo de San Miguel y El Carmen.

El templo permaneció bajo el cuidado de los padres carmelitas hasta que se trasladaron al Santuario que levantaron bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima y el Carmen, por lo que la capilla que administraban, de nueva cuenta pasó a la conducción del clero secular, reduciéndose su nombre a templo de San Miguel, como hasta la fecha se conoce.

PARA MUY OBSERVADORES

  • El nicho central del altar mayor se encuentra remetido, como excavado en el muro, lo cual le da bella sensación de profundidad, a la que contribuye en gran medida la pintura de la pequeña bóveda, que asemeja un cielo nublado, sobre el que se posa la enorme imagen de Jesús crucificado.
  • La clave o piedra central del arco del nicho principal del altar mayor, se encuentra labrado el escudo de los carmelitas, a los lados una inscripción en latín tallada en la cantera, hace presumir que este nicho antes era ocupado por una imagen de Nuestra Señora del Carmen.
  • Uno de los vitrales representa el emblema de la orden carmelita ¿podrá descubrirlo?.
  • Otros vitrales presentan los anagramas de José y María, ¿logrará identificarlos?.
  • El antiguo baptisterio ha sido suplido por un sobrio oratorio dedicado a los Santos Mártires del Obispado de Durango. ¿Sabe cuál de ellos fue sacrificado en Durango en 1927?.
  • En el nicho superior del altar mayor se conserva una pequeña y muy bien lograda imagen de San Miguel Arcángel, posiblemente se trate de la imagen que se veneró desde el siglo XVIII en este lugar. Es una escultura de gran belleza.

COMO LLEGAR

EL Templo de San Miguel se ubica en las esquinas de las calles Pino Suárez y Pasteur en pleno Centro Histórico. Desde la Plaza de Armas diríjase por la avenida 20 de noviembre hacia el oriente, tres cuadras hasta llegar a la calle de Pasteur, aquí de vuelta a su derecha, al fondo podrá observar las torres características de este templo, como un bello remate visual de la calle, para llegar camine en esa dirección dos cuadras más.

¿SABIAS QUE…?

La bella cruz veleta de fierro forjado, que por años caracterizó la fachada del templo de San Miguel, fue derribada por el viento en el año 2003.