Breve historia de la ciudad de durango

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE DURANGO

Fundada el 8 de julio en 1563, la ciudad de Durango en la extensa superficie llana del Valle del Guadiana, trazada a cordel y regla, de manera reticular a partir de la Plaza de Armas, desde donde se determinarían sus primeras manzanas. Durante los primeros siglos de vida, su crecimiento abarcó unas pocas cuadras más del trazo original.

En 1620 se erigió como sede de la diócesis de Durango, siendo su primer obispo fray Gonzalo de Hermosillo, lo que obligó diez años después, en 1630, que la pequeña villa recibiera el título de ciudad por Cédula Real de Felipe IV. El obispado de Durango llegó a ser la de mayor extensión territorial de la iglesia católica en el mundo.

Surgida la población con una vocación político-administrativa, pues se estableció para dar residencia formal a la capital del Reino de la Nueva Vizcaya, y luego sede episcopal, quedó alejada de los centros mineros que dieron fama y riqueza a la región, por lo que su economía, de carácter local y autoconsumo, propició un crecimiento muy lento en los primeros años de la población.

Durante el siglo diecisiete y buena parte del dieciocho, la ciudad vivió en un constante acecho por los indígenas, y el sitio permanente de los caminos, a lo que había que agregar la decisión, en 1640, del gobernador Luis Valdéz, de cambiar la residencia de los gobernadores al Real de Minas de San José del Parral, que se encontraba en plena bonanza. El traslado del gobierno civil y militar de la Nueva Vizcaya a Parral, tuvo como consecuencia la casi desaparición de la ciudad de Durango, la que sobrevivió por la decisión del obispo Diego Hevia y Valdez, quien se negó a trasladar la sede episcopal a aquella población.

Durante más de un siglo, la actividad económica y social de Durango, giró entorno a la administración eclesiástica, que permitió durante más de cien años que la ciudad mantuviera un limitado pero constante crecimiento.

A partir de las reformas borbónicas y la decisión real de que el gobierno civil regresara a Durango, en 1748 fue nombrado gobernador de la Nueva Vizcaya el marqués de Torrecampa, con la orden de restablecer la capital en la ciudad de Durango. Fue entonces cuando la ciudad empezó verdaderamente su desarrollo.

Durango conserva un amplio patrimonio histórico colonial, en el que destaca la Iglesia Catedral, que inició su construcción en 1695 y concluida hacia fines del siglo dieciocho. De la época colonial se conservan además, numerosas casas con sus originales arcos rebajados y adornados en las portadas con ricos copetes en los pretiles, donde nacen  sus peculiares y gruesas cornisas onduladas. El palacio del Conde de Súchil levantado a fines del siglo dieciocho es considerado uno de los más importantes palacios novohispanos en México; así como el palacio que construyera Juan José Zambrano.

La ciudad de Durango fue sitio de varios hechos de la independencia. La ser detenido Miguel Hidalgo en Acatitla de Baján, los frailes que le acompañaban fueron trasladados a la ciudad de Durango, donde permanecieron encarcelados, y aunque uno de ellos, el padre Hidalgo y Muñoz, sobrino del padre Hidalgo, logró escapar, pronto fue capturado y junto con los demás sacerdotes, fueron fusilados en 1812.

Al termino de la guerra de independencia, el 31 de agosto de 1821, la ciudad de Durango fue escenario de lo que se ha denominado como la última batalla de la independencia, pues tras la caída de la capital de la Nueva Vizcaya, se pudo jurar la independencia nacional en septiembre de ese mismo año, en le recorrido de la ciudad, es imprescindible la vista al Templo de San Agustín, done, en la tapias del convento, se realzó dicha batalla.

La guerra contra los Estados Unidos y contra la Intervención Francesa, es recordada en un bello monumento localizado al centro de la Plazuela Baca Ortiz, a unas cuadras de ahí, se conserva aun, la casa del Gral. José Cosme Urrea, el olvidado héroe nacional en la guerra contra los norteamericanos.

El convulso siglo XIX, se reflejó en un lento desarrollo de la ciudad de Durango, no obstante de esa época se conservan majestuosos edificios, donde empiezan a aparecer las finas tallas de cantera que habrán de caracterizar la imagen de la ciudad. La casa de las rosas, donde se construyera el primer hotel de Durango, paso inequívoco de una ciudad que se modernizaba, es un bello ejemplo de este trabajo, que el visitante puede disfrutar.

La llegada del ferrocarril en 1892, permitió a Durango insertarse en el concierto de la economía de la época, transformó el modo de vida de la población, rompió el aislamiento que había vivido durante siglos y le acercó a la floreciente economía mundial. Junto con las inversiones industriales y comerciales que cambiaron el entorno urbano, empezaron a surgir las casas palaciegas y negociaciones que habrían de distinguir a la arquitectura local.

Surgieron también obras públicas emblemáticas como el majestuoso Teatro Ricardo Castro, o el Nuevo Hospital Civil, ahora Centro Cultural y de Convenciones, y mejoras urbanas como la introducción del servicio de energía eléctrica, agua potable entubada y drenaje. Se inició también, antes que en cualquier otra población de la República, la pavimentación de las calles con asfalto.

El sitio revolucionario en 1911 fue apenas un primer aviso, y tras el largo sitio y toma de la ciudad ocurrida de abril a junio en 1913, ésta se tradujo en la destrucción de la economía citadina cuando fue saqueada e incendiada por las fuerzas revolucionarias, cerca de una centena de edificios comerciales fueron destruidos. La reconstrucción se dificultó tras la errónea decisión del gobierno de impedir el regreso de las familias que habían abandonado la población, y con ello el regreso de los capitales, lo que influyó también en un rezago en el concierto del desarrollo nacional.

Aunque las fuerzas villistas, desde 1911 fueron protagonistas de numerosos episodios ocurridos en la ciudad, el general Francisco Villa, solo estuvo en la ciudad de Durango, en una ocasión, ya en el retiro, unos meses antes de su asesinato, hospedándose en el Hotel Roma, donde podrá reconocer el balcón, donde salió a agradecer las múltiples manifestaciones de apoyo de la comunidad.

La tradición conservadora de la ciudad, surgida desde la época colonial, fue un detonante para que tras la irrupción del movimiento cristero, fuera la ciudad de Durango, escenario de numerosas acciones, prolongándose, mas allá de los acuerdos de 1929, hasta la muerte de líder Trinidad Mora en 1941, en un encarnizado combate, en el barrio de San José, uno de los barrios mas populares de la ciudad, en cuyo templo aun quedan vestigios del enfrentamiento armado.

La reconstrucción después del gran incendio de 1913 fue lenta y difícil, pero en los últimos cincuenta años la ciudad de Durango ha tenido un avance acelerado, ubicándose por su clima, conectividad, pero sobre todo por su política medio-ambiental, como una pujante ciudad media, con todos los servicios de una gran ciudad.

La conservación de su patrimonio arquitectónico, con mas de 750 monumentos históricos catalogados; sus arraigadas tradiciones y costumbres, que se reflejan en las fiestas populares, la gastronomía y su peculiar forma del habla; el cielo azul intenso y luminoso, paraíso de los cineastas, pero sobre todo, el trato amable de sus habitantes, la hace lucir hoy día, como la describieran los viajeros del siglo XIX, como una ciudad llena de sorpresas, con alma de hierro y corazón de plata, que la descubren como la auténtica Perla del Guadiana.