Templo de Santa Ana

TEMPLO DE SANTA ANA

Aunque no se conoce con precisión la fecha de inicio de su construcción, por un informe conservado en la Biblioteca Nacional de México sabemos que se inició hacia 1738 a expensas del Dr. Baltazar Colomo canónigo de al Catedral, aunque no se concluyó ni avanzó lo necesario para ponerle en servicio, en 1779, se realizó una remodelación integral del edificio, con la intención de destinarlo a albergar el primer convento de religiosas en Durango, con lo que se dios inicio a la construcción de la actual iglesia conventual de Santa Ana por Ignacio Morín quien probablemente trabajó en compañía de Jerónimo Campos y José Manuel Jara para ser destinado a un convento de religiosas, que no se concluyó, ni funcionó como tal. Su doble fachada lateral, es característica de los templos barrocos de religiosas, así como su amplio bajo coro.

La iglesia fue concluida a principios del siglo XIX, a expensas de Juan José Zambrano, durante el pontificado del obispo Francisco Gabriel Olivares y Benito, inscribiéndose su escudo de armas en la parte alta de la gruesa pilastra que divide ambas fachadas laterales.

Al concluirse el templo y no haberse autorizado la instalación de una orden religiosa de mujeres, se suspendió la construcción del convento en su lugar se dispuso la construcción de un nuevo cementerio, pues los panteones atriales con que contaba la ciudad estaban ya saturados.

Disponiéndose de dos grandes espacios al norte del templo que se dividieron o llamaron Cuadro de San Mateo y Cuadro de Nuestra Señora del Carmen, popularmente conocidos como Panteón de Pobres y Panteón de Ricos, por lo costos que representaba el uso de estos espacios, además de que al panteón de ricos se le construyó una barda perimetral y casa de descanso que aun se conservan.

El panteón de Santa Ana como se conoció al conjunto de ambos cuadros, pronto se convirtió en el principal cementerio de la ciudad, hasta la creación del Panteón de Oriente, producto de las Leyes de Reforma, que prohibieron la sepultura de cuerpos en las iglesias y sus panteones circundantes, quedando abandonado dicho panteón.

Durante la revolución mexicana, durante el sitio y toma de la ciudad de 1913 el templo funcionó como uno de los fortines de la Defensa Social, donde se realizaron combates el 18 de junio de 1913 quedando aun vestigios de balazos en su torre.

El tempo en su interior, reformado a fines del siglo XIX perdió sus altares barrocos de madera y en su lugar se construyeron los actuales altares neoclásicos de cantera. Aun conserva importantes obras de arte, entre ellas una valiosa colección de óleos y esculturas de bulto de los siglos XVIII y XIX.

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